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>Un arrecife artificial para Jaltepeque

PROYECTO PESCA RESPONSABLE

El estero de Jaltepeque, situado en el extremo más suroriental del departamento de La Paz, es un paraje de gran biodiversidad y belleza. Es el hogar de 206 especies de aves, 98 especies de peces y 34 especies de reptiles. Con 494 kilómetros cuadrados, constituye también el bosque salado más extenso de El Salvador, después de Jiquilisco.

 

A pesar de ser un humedal de importancia internacional —según el convenio Ramsar, suscrito en 2011—, continúa siendo muy frágil, sobre todo ante los agroquímicos que escurren desde los vecinos campos de azúcar. Estos tóxicos habrían sido el causante de una gran mortandad de peces y aves en marzo de 2017.

 

Esta degradación medioambiental afecta también a cientos de familias que se sirven del estuario. Desde hace décadas, la pesca ha desmejorado en cantidad y calidad. Por esta razón, Fundación Doménech apostó por gestionar la recuperación de fauna marina a través de la creación de arrecifes artificiales.

 

El estudio de su factibilidad fue asignado a SEA-Sostenible. Esta empresa salvadoreña se encargó de conversar con los miembros de siete diferentes cooperativas pesqueras de los cantones San Antonio Los Blancos y El Zapote. De esta manera, se conocieron sus expectativas y experiencias anteriores con arrecifes artificiales.

 

Uno de los arrecifes más antiguos había sido construido con ripio por el piloto Eduardo Nixon, muy cerca del muelle donde fondeaba el velero con el que solía dar la vuelta al mundo.  La Federación de Cooperativas Pesqueras (FECOOPAZ) y la empresa pesquera Calvo también hundieron estructuras de concreto, pero sobre lechos arenosos y susceptibles a ser arrastradas por embarcaciones y corrientes marinas. Por su parte, algunos pescadores de El Zapote confesaron haber sumergido llantas para la crianza de pargo lunarejo (Lutjanus guttatus). Sin embargo, se sabe que la descomposición progresiva de estos neumáticos libera metales pesados tóxicos para los organismos marinos.

 

Con esta información, SEA-Sostenible sondeó el lecho del estero hasta encontrar el sitio idóneo para los nuevos arrecifes: El Chicle. Este es un canal de casi seis metros de profundidad, ubicado frente al cantón El Zapote. Con su traje de neopreno puesto, un miembro del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) terminó por confirmar la idoneidad de este lecho en marzo de 2015.

 

Según los expertos, el módulo de arrecife artificial que mejor se adaptaba al lugar era el de bloques de cementos. Con estos bloques, y con mano de obra local, fueron construidos 40 enormes cubos —similares a los cubos de Rubik, pero agujereados y con un peso de 360 libras cada uno—.

 

A finales de mayo de 2015, los 40 cubos de concreto fueron transportados en lanchas de la cooperativa Jaltepec hasta El Chicle, donde fueron echados fuera de borda. Con simultaneidad, tres boyas y una caseta de vigilancia fueron puestas a flote. Su propósito era vigilar que nadie pescara en el lugar hasta lograr que la fauna marina se adapte y reproduzca.

 

Seis meses después, en diciembre, un biólogo buceó hasta dar con los cubos. Los halló envueltos en algas rojas y verdes, moluscos, artrópodos, esponjas y siete especies de peces, algunas de importancia comercial como la corvina y el pargo. En poco tiempo, y pese a la pesca artesanal intensiva y el derrame de  agroquímicos, este hábitat alternativo ha resultado exitoso.

 

La ejecución de este proyecto fue financiada por el Fondo de Iniciativa para las Américas (FIAES), que desembolsó $70,783. En contraparte, Fundación Doménech y socios locales aportaron $25,552.

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